Marmato, oro en 35 milímetros

«Los documentales retratan las pesadillas y sueños de los protagonistas de ciertos hechos, pero se trata de un espectro en el cual los hechos no pueden describir lo que verdaderamente sucede», responde Gael García Bernal. En cuanto a los objetivos, Camilo Corredor, codirector de Ambulante Colombia, apunta que la meta es «promover la integración social y la generación de escenarios de reflexión y sensibilización frente al mundo que nos rodea a través del cine». Como la propia organización comenta, «en Ambulante nos dedicamos a difundir el cine documental como una herramienta de transformación cultural y social; dentro de nuestros objetivos esta poder llevar películas a diferentes contextos y a diversos públicos».

Para la realización de Marmato, Grieco iba y venía. Hacía de tripas corazón y aceptaba frustrantes proyectos publicitarios en Nueva York para reunir el dinero para regresar a Colombia. «Hasta que un día supe que tenía que quedarme en Marmato —cuenta el director con un español impecable—. No podía perderme de nada, tenía que estar presente en lo que vendría, así que lo dejé todo y me vine». Llegó solo con su cámara y un desafío.

«La gente en un principio se sintió recelosa —cuenta Ruby Ardila, vecina de Marmato—. Tenían miedo de que Mark formara parte de la compañía. Estaba en todas partes y no sabíamos para quién filmaba. Luego supimos que no tenía malas intenciones». Mark comenta al respecto: «No quería que fuera un documental demasiado político ni demasiado dramático. Quería, además, que tuviera imágenes bellas y una fuerza simbólica». Así logró una producción equilibrada, cercana y humana, en la que los mineros dan a conocer cómo defienden su dignidad y su medio de subsistencia.

 

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